ISADORA DUNCAN

Bailarina

Isadora Duncan (1877- 1927), artista y mujer apasionada, ha perturbado el baile del siglo XX y sentado las bases de la danza moderna. Con pies descalzos y túnica transparente, ella ha despojado el baile de sus puntas y de sus tutús. Ella ha puesto otra vez la danza en conexión con la naturaleza y le ha dado una libertad que fuera en línea con el espíritu de su época. Su vida se convirtió en una leyenda, que en 1914 pasó por Deauville por algunos meses.

Como lo subraya Sonia Schoonejans, historiadora de la danza, “para Isadora Duncan, la danza no era una simple cuestión estética sino un medio de cambiar la vida”. Su estancia en Deauville entre agosto y septiembre 1914 fue para ella una ocasión para construirse de nuevo como persona. Fue un viaje esencial para ella para recuperar después de un profundo dolor y encontrar una nueva energía para sus proyectos. Algunos meses antes, sus dos hijos, Deidre, 6 años, y Patrick, 3 años, fallecieron ahogados, bloqueados con su tata en el coche que deslizó en el rio Sena. Su tercer hijo, nacido en la primavera 1914, acababa de fallecer también.

Cuando Isadora Duncan llegó al Normandy de Deauville en el agosto 1914, la guerra acababa de empezar. A lo largo de este verano, el hotel, desde el orden de movilización general del 1° de agosto, acogía a las personalidades que decidieron quedarse, y otras de huían París. En los vestíbulos del hotel, Isadora Duncan vio la cantante Marthe Chenal, el aviador Santos-Dumont, Robert de Montesquiou y Sacha Guitry. Luego alquiló una mansión amueblada llamada "Black and White".

Como tenía unas largas crisis de dolor, llamó a un médico de Deauville. Él, conmovido por su angustia, no esperó mucho antes de manifestar su afección, y luego su amor apasionado, que será un excelente consuelo para ella. Tal vez, la bailarina se iba con él al Casino de Deauville, transformado en hospital militar, donde él visitaba a los pacientes por la noche.

Esta afección la ayudó a encontrar otra vez a sí misma en un periodo en el que la llegada regular "de heridos y murientes" hacía de Deauville un lugar cuya atmosfera era bastante rara. Pero, demasiado distante de su vida, decidió volver rápidamente a Nueva York y continuar su escuela de danza.

Más información:

Isadora Duncan, Ma Vie, (1927) reedición Folio-Gallimard (1987)

Isadora Duncan, La danse de l’avenir, ediciones Complexe (2003)